Cuando la mente y las emociones se desconectan
Es frecuente que la falta de motivación sea el síntoma de una ansiedad acumulada o el resultado de atravesar un duelo no resuelto. Cuando los problemas emocionales se cronifican, el estrés cotidiano se transforma en una tristeza persistente que dificulta incluso las tareas más sencillas. En muchos casos, nos enfrentamos a un burnout severo o a una baja autoestima que nos convence de no ser capaces de alcanzar nada, alimentando una dependencia emocional de otras personas para tomar decisiones básicas.
